domingo, 4 de diciembre de 2016

La #RevoluciónInclusiva vista desde el otro lado. ¿Que puede hacer el docente cuando no es posible convencer?

Con ilusión, observamos como se reproduce como un virus la Revolución Inclusiva en las redes sociales.

Los blogs de Nacho Calderón http://www.ignaciocalderon.uma.es/, Antonio Márquez http://siesporelmaestronuncaaprendo.blogspot.com.es/, Jose Blás García Perez (http://www.jblasgarcia.com/), Coral Elizondo  https://coralelizondo.wordpress.com/, entre otros muchos, son la guía en la que muchos docentes buscan ayuda para iniciarse o continuar en el mundo de la Educación Inclusiva. Cada vez son más los educadores que empiezan a creer de verdad en la Educación Inclusiva e intentan hacerla realidad en sus aulas. 

Unos comentarios de Antonio Márquez a su brillante post sobre la Titulación y ACI Significativa: http://siesporelmaestronuncaaprendo.blogspot.com.es/2016/12/titulacion-y-aci-significativa-la-gran.html?spref=fb nos daban a lugar a pensar sobre como lograr el cambio de mentalidad en los educadores (sujetos activos del cambio) cuando se niegan a llevarlo a cabo.  Más recientemente, otro post de Jose Blás García http://www.jblasgarcia.com/2016/12/la-capacidad-es-multicolor.html nos invitaba a "reflexionar y compartir colectivamente para entre todos afinar y unificar esa mirada, que todavía se me antoja dispersa".

Asi que recojo el guante que se me entrega, e intentaré, definir,  desde el otro lado, esto es, desde el punto de vista de las familias de alumnos con necesidades educativas especiales, que esperamos de los profesionales del sector educativo, en quienes delegamos (junto con el Estado) la tarea de convertir en realidad la mejor educación posible para nuestros hijos. 

Esta claro que, sin duda, lo mejor es convencer. Como dijo Mao Tse Zung " El principal campo de batalla es la mente del enemigo", y en ese campo de batalla, dónde se desarrolla la batalla por el convencimiento. 

Las familias tenemos la obligación de trabajar incansablemente con los docentes para poner en valor las capacidades diferentes de nuestros hijos. 

Ambos somos socios partícipes en ese proyecto que es cada niño. En mi experiencia, nos encontraremos con que la mayoría de educadores están implicados, y son responsables, sensibles y deseosos de hacer lo mejor por su alumno. Puede ocurrir que no sepan exactamente como, o que su consideración sobre cuando y como hacerlo no coincida con la nuestra, pero para eso podemos ayudarles las familias, y los terapeutas que tratan a nuestros hijos mediante la comunicación sincera y respetuosa. Considero especialmente útil unirse a las asociaciones específicas que conocen bien las particularidades de nuestros hijos, y las necesarias adaptaciones del entorno. Y debemos trabajar desde la amabilidad más absoluta, y desde la empatía más profunda, aunque a menudo, la respuesta que recibamos no sea la esperada. Debemos implicarnos en trabajar con los docentes, y participar en todas y cada una de las instituciones posibles del Centro (Ampa, Consejo Escolar, Comisión de Convivencia, etc) para ganar cuantas más "mentes" posibles para ganar la guerra.

Pero a veces, nos encontramos a docentes que a pesar de estar implicados con nuestros hijos, encuentran numerosas resistencias internas a su voluntad de cambiar. 


Puede ser que sus compañeros no crean en la Educación Inclusiva, de tal modo que se resisten a incluir a alumnos NEE dentro del aula ordinaria o torpedeen de un modo u otro las actividades inclusivas. O incluso, cuando incluyéndolos, no están dispuestos a cambiar sus metodologías o abandonar prejuicios adquiridos. 

Pueden ser también los orientadores los que se niegan a reconocer la concreta afección del alumno, o a asignarle las adaptaciones o apoyos que precisa. O con más frecuencia, que por falta de tiempo o de voluntad, no alcanzan a realizar su función de ayudar, orientar y asesorar a los docentes y a las familias sobre como auxiliar al menor en el centro educativo. Todo ello, para la desesperación del pobre docente que solo quiere hacer todo lo posible por su alumno.

Con mucha frecuencia, si no siempre, será difícil que esa mirada empática y amable alcance los servicios complementarios y actividades extra-escolares. Aquí rara vez se tiene en consideración las particularidades de los alumnos NEE, si no es para pedirnos que los auto-excluyamos de las mismas. 

Otras veces, es el propio Centro Educativo el que se resiste al cambio. La cultura del centro (o sea, de las personas que integran el equipo directivo, y del claustro, asi como, a menudo, de los mismos representantes de los padres) tiene a priorizar los resultados de los alumnos "normales" sobre la necesidad de atender a los alumnos "difíciles", que requieren mayores esfuerzos y medios. Además, muchas de las  conductas de los alumnos NEE suelen ser difícilmente aceptables, y se impone a menudo buscar soluciones excluyentes (sacar fuera del aula, etc) o culpabilizadoras (sanciones, expulsiones, revisión de dictamen de escolarización, etc). 

Finalmente, puede ser la administración educativa al completo la que se constituye en un obstáculo infranqueable para satisfacer el derecho a la mejor educación inclusiva de nuestros hijos. 

Supuestos como la imposibilidad de titular los Alumnos NEE con Adaptaciones curriculares individuales significativas, el límite de edad a la Educación Espacial y su ausencia de titulación profesional, la escasez de medios personales (monitores de Educación Especial) y otros muchos, son una contravención directa y sistemática del Derecho Fundamental de estos alumnos a la mejor educación posible. Además de esto, configuraciones estructurales como la política de sobrecargar a los docentes con mil y un gestiones burocráticas y de administración aleja cada vez más a los docentes de lo que verdaderamente constituye su vocación; enseñar a cada alumno de la mejor manera posible. O la exagerada cantidad de los alumnos, la propia extensión curricular, y la rigidez de sus contenidos, o un amplio etcétera de cuestiones similares les hace casi imposible adaptarse plenamente al alumno NEE.

Llega un momento en el que el pobre docente, al que nosotros y la sociedad le ha puesto a cargo de proporcionar la mejor educación posible para nuestros hijos, se percata que se enfrenta a un muro infranqueable de incomprensión y silencio por parte de sus compañeros, del centro, y de la administración educativa.  

Llegados a este punto:

  • ¿Es razonable esperar de el docente una conducta heroica?
  • ¿Acaso es lógico que se alce en una voz solitaria enfrentándose a todo el "establishment" educativo en defensa de nuestro hijo?
  •  ¿Y que ponga en riesgo su estabilidad profesional, y la amistad de sus compañeros por defender los intereses de nuestro hijo?
  • ¿Debe  vender su alma al diablo y aceptar un sistema en el que no cree  o por el contrario, debe luchar con todas sus fuerzas por cambiar el sistema?
No soy quien para dar esa respuesta. Es cada docente, enfrentado a la realidad de su alumno y del sistema educativo, el que tiene que dar su contestación en cada caso. 

Pero lo que si me atrevo a apelar al sentido de la coherencia de los profesionales de la educación, en quienes la sociedad ha delegado la función de hacer efectiva la mejor educación para cada alumno, incluidos los alumnos NEE. 

En mi humilde opinión, si de verdad creemos en que la Educación Inclusiva es la mejor de las educaciones, no solo para los alumnos NEE, sino para todos los alumnos, si quiere ser coherente con su vocación de maestro, sólo cabe una única respuesta posible. 

Como dijo Ghandi, "nadie está obligado a cooperar en su propia pérdida o en su propia esclavitud, la Desobediencia Civil es un derecho imprescriptible de todo ciudadano".

Si los maestros desean realmente recuperar el respeto y reconocimiento que sin duda merecen, tal vez deben empezar por creer de verdad en si mismos, y hacer honor a la alta función y responsabilidad que tienen encomendada.

Para ello será necesario romper la "ley del silencio" desde una actitud crítica y constructiva todas y cada una de las veces que sea necesario. Con cada alumno, si es preciso.

Recordamos la famosa cita de Martin Luther King: "Tendremos que arrepentirnos no tanto de las malas acciones de la gente perversa, sino del pasmoso silencio de la gente buena..."