domingo, 4 de diciembre de 2016

Gracias a todos.



Ha pasado un mes de intenso trabajo en el que, desde otros ámbitos, hemos avanzado mucho en la difusión del Trastorno de Apego. Y en empezar a trabajar juntos por mejorar la situación de nuestros héroes, en la sociedad, en la escuela, y sobre todo, desde y para nuestros hogares

Y llevo todo ese mes queriendo dar las gracias. 

Gracias, en primer lugar, a mis padres. Como hijo que soy, a menudo me descubro señalándome  sus errores y subrayando sus fallos. Pero, sin embargo, ellos me dieron todos y cada uno de los mimbres sobre los que me he construido como persona.
Si tengo amor para ofrecer, es porque lo aprendí de ellos.
Si tengo buen humor para regalar, es porque lo disfruté en mi casa.
Si tengo iniciativa, resistencia, y confianza en nuestra capacidad de cambiar el mundo, es porque en esa fe me han criado. 

Gracias también a mi pareja. Ella  es todo lo que yo no soy. Y a través de ella, y del complemento de su diferencia, juntos somos mejor persona, mejor familia y mejor hogar. 

Gracias a mi hijo, por todo lo que hemos vivido y lo que vamos a vivir. Sin él, no hubiéramos sido capaces de demoler todas las expectativas de la vida moderna y aun viviríamos en la gran mentira del egoísmo. Sólo el nos ha ayudado a reconstrucción de forma completa nuestra escala de valores. El, con sus necesidades, nos obliga a definirnos cada día como las personas que queremos ser (y que vamos siendo). No habríamos, tal vez, encontrado ese tiempo para hacernos caricias o jugar a las cosquillas, y para darle su pleno valor. 

Gracias a las personas con las que tenemos a medias la crianza y educación de nuestro héroe. Ellos son ejemplo de amor, dedicación y entrega, y también son para nosotros, ejemplo e inspiración. Y para los demás, son evidencia de que es posible obtener resultados favorables, aunque el viento sople en contra y parezca que no se puede.


Gracias a mis amigos de siempre. Aunque os vea menos de lo que me gustaría, se que estáis ahí, para siempre. Vosotros también me habéis ayudado a definir quien quiero ser, y quien soy. Una llamada, un gesto, o un mensaje, a veces son suficientes para mantenernos.

Gracias a los nuevos amigos que estamos encontrando en este camino. Compartimos aflicciones y penas, pero también alegrias y expectativas. Nuestro camino juntos nos servirá para aprender unos de otros y para hacernos más fuertes y mejores. 

Y sobre todo, muchas gracias a todos los que no creen en mi héroe.  Ellos me dijeron (y me siguen diciendo) que no es posible cambiar, que está condenado para siempre. Ellos me impulsan más que nadie a demostrar que se equivocan, y hacerles ver que es posible cambiar el mundo para mi héroe, y para todos los demás. Con ese poquito, bastará para que florezcan como personas.

Así que, muchas gracias a todos. Seguiremos trabajando por hacer del mundo un lugar mejor para nuestros héroes.