miércoles, 3 de agosto de 2016

Desde la más respetuosa intolerancia, propongo una revolución tranquila.



Vaya por delante todo mi respeto para todos nuestros políticos, Excmos Sres. Presidentes, Ministros, Diputados, Senadores, Alcaldes, Concejales y representantes electos en Comunidades Autónomas y Municipios, que tienen el difícil encargo (delegado por nosotros) de guiar a nuestra Sociedad hacia un mundo mejor (diversos funcionales, discapaces, o sencillamente, diferentes, incluidos). 


Incluyanse también en mi punto de partida mi más distinguida consideración para los Sres. técnicos, y probos funcionarios de los servicios de Salud, Educación, tanto del Estado, como de las Comunidades Autónomas como Diputaciones, y municipios. Ellos tienen a su cargo la tremenda responsabilidad de hacer ejecutar con prontitud, eficacia y eficiencia las políticas que las normas y reglamentos han consagrado, y hacer realidades las finalidades y principios declarados por las normas. (Entre ellas, la Convención Internacional de los Derechos de las Personas con Discapacidad, norma que forma parte de nuestro sistema normativo, y es de obligado cumplimiento en España desde el 03 de mayo de 2008) http://www.convenciondiscapacidad.es/ConvencionEspana_new.html 

Mi especial reconocimiento hacia los profesores, educadores, directores, orientadores de Centros Escolares e Institutos, ya sean públicos, privados o concertados. A ellos corresponde la difícil tarea de invertir con cuidado nuestro dinero en proporcionar el mejor trato individualizado para cada alumno, y hacerlo posible sin descuidar el cuidado y bienestar del conjunto de los niños. Y todo ello, a menudo en un contexto de medios limitados, y luchando contra frenos o resistencias internas desmedidas.

Por último, mi respeto también por los Presidentes, gerentes,  y miembros de Juntas directivas de Clubes, Asociaciones, Peñas, Comunidades, y en general, instituciones varias que vertebran y organizan la sociedad civil. 

Sobre ellos recae la responsabilidad de atender los intereses colectivos que representan, poniéndolos en  consonancia con el resto de la Sociedad. 

Dicho todo esto, y partiendo del máximo respeto que me infunden todos ellos, debo declarar que mi respeto ya no supondrá de nuevo un freno. Me declaro de forma irrevocable en estado de guerra contra:
  • Quienes se amparen en la interpretación mezquina y limitativa de los principios de respeto, integración,  e inclusión de las personas "diferentes", sean o no discapacitados, diversos,  hallarán en mi un enemigo firme. 
  • Los que se excusen o eludan su responsabilidad buscando su comodidad para no cambiar su conducta, para no adaptarse a las especiales necesidades de las personas con diversidad funcional,  o para no exigir a los demás lo que correspondan, encontrarán en mi denuncia azote de su conciencia. 
  • Quienes promuevan, directa o indirectamente, la segregación, diferenciación, etiquetado, aislamiento o marginación de las personas "diferentes", encontrarán en mi una contundente oposición.
  • Quienes equivocadamente, y a menudo, con buena intención, pretendan sacrificar las necesidades de apoyo de los más necesitados en pro de los intereses colectivos de carácter indeterminado, tales como "seguridad", "orden", "bienestar", encontrarán en mi la más leal oposición. 
  • Quienes, en cualquier ámbito de la vida cotidiana, omiten tener en cuenta las necesidades especiales de auxilio y ayuda de las personas diferentes. Ellos encontrarán en mi un insistente discrepar.
No quiero ni debo tolerar que mi pasividad convalide ninguna de estas actitudes. Y soy consciente que no sacaré nada de todo esto, salvo disgustos y peleas. Se que mi actitud me hará incomodo y molesto. Pero tengo esperanza que así, tal vez algún día, las cosas cambiarán. Probablemente a mi hijo ya no le aproveche, pero sí a los que vengan detrás. 

Así que conste. ¡¡ No estoy dispuesto a tolerar esta situación ni un día más!!. No con mi dinero. 
No con mi pasividad. 
No con mi silencio cómplice. 
 
Llamo a todas las personas de buena fe a librar una guerra constante y firme a favor de la inclusión de las personas diferentes, a exigir la formación, la sensibilidad, el respeto de todos y cada uno de los elementos que integran nuestra sociedad, de tal modo que hagamos posible una sociedad inclusiva, dónde ser diferente, no sea sinónimo de ser menos. 

Promuevo pues, una intolerancia activa, poderosamente serena y meditada para forzar un cambio, una revolución tranquila por una sociedad, de verás,  inclusiva (más allá del nombre).