jueves, 26 de mayo de 2016

Una heroína imprevista. La reina Elinor - Brave - Repara el vínculo ...El poder de la empatía

Recientemente hemos visto todos juntos la película Brave.

Más alla del conjunto característico de lugares comunes de la factoría Disney, nos ha sorprendido mucho encontrar continúas referencias al vínculo del apego y la reparación del mismo.

Me explico;

La película plantea la típica situación en la que los padres (la madre, sobre todo, en este caso -. La Reina Elinor) pretenden forzar o imponer lo que creen mejor para la hija (La Princesa Mërida).
¿os suena la situación, no?.

La adolescente princesa se rebela ante una imposición concreta (la obligación de elegir marido entre los primogénitos de los jefes de los 3 clanes súbditos de su padre). Y para cambiar la forma de ser de su madre, (a fin de vivir con mayor libertad) la Princesa acude a una bruja que le entrega un hechizo, que cambiará a su madre. Lo que no pensó la princesa, es que toda situación puede cambiar, pero también para peor, como efectivamente ocurre. La rebelión de la Princesa Mérida desencadena un conjunto de acontecimientos que pondrán en grave peligro la paz y seguridad del Reino. Afortunadamente, al final, como debe ser en toda película de Disney, todo acabará bien...


A lo largo de la película se repite como un mantra la frase "Repara el vínculo que el orgullo rompió"


Lo que más me ha llamado la atención de la película es el aprendizaje en el vínculo de apego que realizan los 2 personajes principales.

De una parte, la adolescente Princesa Mérida, se ve obligada a recordar como esa madre pesada que le recuerda mil y una veces sus obligaciones y responsabilidades cotidianas, es la misma persona que la ha amado desde que la tuvo en su seno, que la alimentó, protegió, y enseño casi todo lo que sabe.


Y como el egoísmo inmediato de la libertad omnímoda no es causa suficiente para echar a perder el vínculo con una madre. Y termina aceptando a su madre, la Reina, con sus virtudes y sus defectos.

Por otra parte, debo reconocer que no me costó mucho sentirme muy cercano a la Reina Elinor. Siempre esforzándose en enseñarle lo que es adecuado, siempre consciente de los deberes del reino, siempre firme pero amable, sufriendo los desplantes amargos y disgustos que le procura su rebelde hija, mientras intenta hacer lo que cree que es lo mejor para ella.. 

Y sin embargo, a lo largo de la película, y a pesar de las desgracias que le conlleva la irresponsable conducta de su hija, aprende a sacrificar sus propias expectativas, e incluso, el bienestar o el bien común del Reino. Todo cuanto espera de ella se ve defraudado, y a pesar de ello, el amor que siente por ella hace que acepte a la Princesa tal y como es, rindiéndose ante una empatía profunda y sanadora, capaz de regenerar el vínculo aceptando a su hija tal cual es. Es, de alguna manera, la renuncia a ese egoísmo de hacer a nuestros hijos lo mejor posible, incluso contra ellos mismos, lo que la hace grande. Asi que, para mí, al contrario que para casi todo el mundo, la heroína de la película, no es otra que la Reina Elinor.

Pero, la moraleja de la película es que, sólo cuando se ha producido esa aceptación profunda de ambas protagonistas, la adolescente y su madre es cuando descubrimos que todo puede aún arreglarse. De repente, las cosas empiezan a funcionar de nuevo, y se salva el Rey, el Reino, la familia para mayor regocijo del espectador. 

Creo que este es, para mí, el verdadero mensaje de la película. El poder sanador de la empatía alcanza a reparar los vínculos maltrechos. 

Ahora bien, lo díficil es conseguir que la empatía sea mutua. La empatía de padres a hijos la doy por descontada. La complicada es la que esperamos provenga de un afectados por el trastorno de apego, que tiene graves deficiencias en ese ámbito, por desconfiar del género humano.

Así que nuestro amor debe darle las piezas correctas con las que construir su confianza en nosotros, de la que , en su momento, florecerá su futura empatía. 


Tengamos paciencia...