lunes, 25 de abril de 2016

Un elefante enloquecido en la tienda de recuerdos del Zoo.

María subió la escalera para acostarse. Pero no se le escapó a la atenta mirada de su madre que su actitud era algo más apagada y triste de lo habitual.

Asi que pocos minutos después se acercó a apagar la luz y darle su beso de buenas noches, con el firme propósito de averiguar lo que pasaba por su bella cabecita rubia.

- ¿Como te ha ido en el Cole? - le preguntó a María.

El gesto avinagrado que cruzó la cara de María, mientras se encogía los hombros, delató claramente que, lo que quiera que fuera, había ocurrido en el Colegio.

- ¿Has jugado en el recreo con tus amigos?.

Una lágrima asomó a sus ojos, mientras su respiración se agitaba por momentos.

- Veo que estas muy triste, tal vez has tenido algún problema con tus compañeros?

María contestó airada:

- ¡Otra vez, Juan!. ¡¡No aguanto a ese niño!!. Esta loco ...

- Pero, cuéntame, ¿que te ha pasado con él?


- Estábamos jugando en clase de deporte a un juego que había dicho el profe, y por una tontería, Juan ha empezado a enfadarse muchísimo, y a discutir haciendo llorar a Belén. Y cuando yo he salido a defenderla, porque es mi amiga, ha venido hacia mí, y me ha gritado e insultado. Me ha dado mucho miedo, Mama. Estaba como loco ...

- Y ¿que te decía exactamente....?

María miró a su madre extrañada y le dijo, muy seria:

-Mamá, ¿no querrás que te repita todas esas palabrotas?.

Su madre, no podía ser menos, se río de su cara tan seria. Pero continúo su interrogatorio sutilmente.

- ¿Y no dijo nada más?

- Decía sin parar  que yo no le apoyaba nunca, que apoyaba siempre a Belén, pero a él nunca. Pero Mamá, !!eso no es verdad¡¡. De verdad que yo algunas veces le doy la razón, pero es que me da miedo como se pone cuando se enfada. Cuando se enfada se pone como loco....
¡¡Es injusto!!.- dijo entre sollozos.

Su madre le acarició su pelo  y le dijo:
- Entiendo que debiste sentirte muy mal, ¿verdad?. Pero no te preocupes, te contaré un cuento que creo que te va ayudar en tus relaciones con Juan. Se llama el "Elefante enloquecido en la tienda del Zoo".

Había una vez un Elefante joven que se llamaba Prutt. Todo parecía perfectamente normal a simple vista en Prutt.

Pero, sin embargo, Prutt tenía un problema muy serio, que no nadie sería capaz de adivinar  si lo hubiera conocido.

Al nacer, su madre murió, y el pobre Prutt se crió en un zoo, sólo, lejos de cualquier otro elefante. No tuvo, como tú tienes, una madre para acariciarle cuando se sentía sólo o tenía ganas de llorar. Tampoco tuvo un padre para explicarle cosas, ni un hermano con quien jugar, ni primos ni primas, ni tíos ni amigos.

Y así  Prutt fue creciendo  en fuerza y vigor, haciéndose un precioso ejemplar de elefante. Era tan bonito que, cuando ya era un joven elefante,  lo enviaron a otro zoo en el que existían otros muchos elefantes. 

Pero resulta que cuando llegó allí, los cuidadores se dieron cuenta de que Prutt no sabía entenderse con los demás elefantes. Claro, eso es lógico, pues nadie había podido enseñarle como había que comportarse. 

No era que no hablara el mismo idioma, porque podía entender a los demás elefantes. De hecho, mucha parte del tiempo parecía estar perfectamente.


Era más bien que el pobre tenía un miedo atroz a estar sólo y abandonado de nuevo. Por eso hacía tonterías todo el rato, y le gustaba atraer la atención de los cuidadores y de los demás elefantes. Y como no sabía relacionarse con los demás elefantes, tenía una manera especialmente eficaz de llamar la atención de los demás, que era molestando, provocando e irritando a los demás. De este modo, al menos sabía que le iban a mirar, aunque fuera para regañarle. Y eso era, en su opinión, mejor que enfadarles, que pasar inadvertido y quedarse sólo de nuevo. 

Así que el pobre tenía tanto miedo de estar sólo, que apenas podía vivir. Pero como era muy listo, para que no se le notara, siempre se hacía el fuerte y el valiente todo el rato.


Pero cuando alguien, especialmente los elefantes o cuidadores que el más apreciaba, le regañaban, a Prutt le daba por pensar que le iban a volver a abandonar, y que se iba a quedar sólo de nuevo.

Cuando le pasaba eso, se volvía como loco, y se metía en la preciosa tienda de recuerdos del zoo. 

Imagínate lo que puede ser un elefante grande, grande de verdad, enloquecido en una pequeña tienda de recuerdos, llena de estanterías de figuritas de cristal, de cerámica o de cartulinitas bien doblados. ¿te lo imaginas? ¿tu que crees que pasará?

Pues un desastre, seguro....

Y allí dentro, Prutt andaba derrumbando estanterías, y rompiendo cosas sin querer, hasta que los cuidadores del Zoo conseguían  calmarlo haciéndole caricias y dándole zanahorias. Entonces, volvía a estar en condiciones de volver a unirse con los demás elefantes. 

Pero si cualquier otra cosa le asustaba de nuevo, - cosa que pasaba con mucha frecuencia - iba corriendo a meterse en la tienda de recuerdos una y otra vez. 

¿Lo entiendes...?

María, asentía vigorosamente, imaginándose el elefante revolviendo con su trompa estanterías sin fin de .....

-Asi que, si tu fueras una cuidadora del zoo, ¿que harías? - le preguntó su madre a María.

- Yo intentaría que no entrara en la tienda distrayéndole con algo que le gustará o haciéndole que se sintiera acompañado y que no tuviera miedo. 

- Muy buena idea, María. Eso es justo lo que hacen los cuidadores. Pero ¿que pasaría  si, a pesar de eso, ya hubiera entrado en la tienda?. 

-  Entonces, intentaría calmarlo lo más rápido posible acariciándole, hablándole bajito y en forma cariñosa, y dándole unas zanahorias. 

Su madre aplaudió encantada con una gran sonrisa
-Desde luego, ! el día de mañana serás una cuidadora  de elefantes maravillosa ¡. 

 - Pues verás, a Juan le pasa lo mismo que al elefante. Cuando se siente rechazado por los demás se siente abandonado, se enfada, y entonces es como un elefante enloquecido en la tienda de recuerdos del zoo. Todo lo revuelve y lo tira por lo alto, rompiendo y embistiendo cuanto encuentra a su paso sin el menor miramiento hasta que se calma.  

Así que si quieres ayudar a Juan, ¿tu que crees que debes hacer?. 

- Evitar que el elefante entre en la tienda de recuerdos. 

- Efectivamente... Y si entra, ¿entonces que hacemos ?. 

- Hacer que se calme para que salga lo antes posible.

Tienes toda la razón mi amor. Eso es justo lo que hay que hacer. Me alegra mucho que lo hayas entendido tan  bién. Bueno, y tambien tienes que acordarte que un elefante enloquecido es un animal que, sin querer, puedo hacernos daño, asi que tendrás que ser fuerte y valiente para no tenerle miedo si quieres ayudar a calmarlo.

- Mama, creo que no me cuesta mucho imaginarme a Juan como un elefante enloquecido ...dijo con una sonrisa enorme María.

- Bueno, cariño .Ya es hora de dormir.

Mañana será otro día...