lunes, 18 de abril de 2016

Un cuento con varios finales posible. Y tu .... ¿cual eliges?


Erase una vez un niño que tuvo la mala suerte de nacer en un país lejano, dónde el frío del clima era un presagio de la soledad y desapego que iba a recibir en sus primeros años.

Ya desde la concepción y el embarazo, le falto el amor de su progenitora ( a quien  no podemos llamar, en el estricto sentido del término, madre), y le sobraron otras muchas cosas que no vienen al caso.

No tuvo la suerte de gozar de las miradas de amor de una madre, ni de disfrutar de las sonrisas y carantoñas que guían al niño a sentirse amado. Le faltaron también las caricias de un padre, y el contacto comprensivo y amable de abuelos, tíos, primos, o hermanos. Le faltó, en suma, todo aquello que ni siquiera los animales niegan a sus crías; ese amor, esa calma que da saberse querido incondicionalmente, y aprender a calmarse en el confortable calor del abrazo maternal.

Abandonado de todos, fue rescatado por las autoridades, e ingresado en un orfanato. Allí aprendió a luchar con sus semejantes por un mendrugo de pan o una galleta, o por una mirada de atención. Imaginaros como debió pasar las horas mirando al techo vacío y ausente hasta que descubrió que la rabieta era el único mecanismo para  sentirse acompañado y atendido. Se acostumbró a exigir (y obtener) el amor a puñadas, gritos y estertores.

Y así, fue creciendo entre el frío de las nieves y de la soledad con un inmenso agujero dentro.

Hasta que un día una pareja de aspecto e idioma extraño vinieron a llevarselo a un lejano país, de novedosas costumbres dónde el calor del sol y del amor abundaban .

Pero, ay de el, pobre niño.
Todo el amor y calor de su nueva familia no conseguían llenar el agujero de tremendo frío que estaba dentro de él.

Y así, fueron empezando a desgranarse problemas. Primero, las dificultades para obedecer a sus padres, a lo que, en principio, no dieron gran importancia. En el Colegio, tras no mucho tiempo, saltaron las alarmas. ¡Este niño es hiperactivo, teneis que medicarlo enseguida!. Tampoco conseguía establecer relaciones profundas de amistad con sus compañeros de clase. Mas pronto que tarde comenzó  ser contestatario y algo pegón, y respondía con malas formas a sus padres, profesores, y cuantas personas mayores le recriminaban cualquier aspecto de su conducta. Y de otra parte, intrépido hasta la locura, e inteligente sobre la media, todas sus virtudes se ponían al servicio de su  enfermedad. 

No empatizaba con casi nadie, y nadie simpatizaba con él. Le gustaba provocar reacción en sus semejantes, y para ello, les asustaba con amenazas sanguinolentas, insultos o agresiones livianas. Y sobre todo, intentaba, controlar todas y cada una de las situaciones del día haciéndose el fuerte y dominante. Y cuando las consecuencias llegaban, siempre encontraba alguna manera de culpar a los demás de su conducta. (!Tu me has enfadado, mira lo que has hecho¡). Tenía, de alguna manera, el don de sacar de todas las personas con las que interactuaba lo peor que llevaban dentro.

Y claro, esto no lo hacía precisamente popular en su barrio, ni en su colegio, ni en su familia. Y cuando se percataba del rechazo, una ira inconmensurable le dominaba cegándole por completo. Y comenzó a sentir que la vida era una mierda, y que no merecía la pena vivir de esa forma.  

Y sin embargo, si alguien sabía mirar dentro de aquel torbellino de furia, podía aún atisbar el fondo de un buen corazón deseando amar. Los pocos que se atrevían a llamarse sus amigos sabían que siempre podían contar con él en una pelea. Y los perros del barrio sabían que siempre tenían en él una mano amiga, pródiga en caricias y abrazos.

Llegado este momento, este cuento tiene varios finales posibles:

a) el niño se hizo un joven casi adulto  y quiso llenar su vacío interior adentrandose por las intransitables selvas de la droga, alcohol y la delincuencia. Cada vez se encontró mayor rechazo social y familiar, y tras ingresar en centros de menores , y posteriormente, penales, al final, murió joven, en una espiral de violencia y furia, llevándose por delante a cuantos inocentes osaron enfrentarselo en su camino de violencia y destrucción.

b) Siendo consciente de la imposibilidad de adaptarse al mundo que le rodeaba - o rechazaba, mas bien-, el niño - adolescente ya - en un descuido de sus padres, se suicidó para mejor culpar al mundo del dolor que su herida primigenia le causaba, dejando un reguero de dolor sordo perpetuo en su familia.

c) Aún con muchas dificultades, la familia, y el colegio mantuvieron un esfuerzo coordinado por hacerle sentir especialmente amado y bueno. Pudo tener, por fin, un amigo haciendolo sentir, por primera vez, merecedor del afecto de sus iguales. Un profesor se atrevió a mirar mas allá de su aparencia hosca, y logró hacerse un hueco en su su corazón atribulado. Inconmensurables cantidades de amor y paciencia de todos cuantos le rodearon le ayudaron a llenar su vacío interior y restañar su herida primigenia con el amor de sus semejantes. Y cuando alcanzó la madurez, pudo elevarse más allá de su doloroso origen, y desarrollar una vida plena, criar una familia, y crear relaciones plenas afectivas con cuantos lo rodearon, y hacer felices a sus semejantes siendo féliz el mismo.

Esta claro que nuestro protagonista probablemente haya elegido el final (a) o (b), eso ya lo intuimos.

Pero esa no es la cuestión.

La pregunta es ....

Y tu.... ¿cual eliges?